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Antoñito bautiza al Xerez de infarto y épica

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Xerez 2 Castellón 1

Sexta victoria consecutiva del Xerez en Chapín, y de nuevo, apelando a la épica, a los minutos de descuento en donde el equipo xerecista está fraguando, a golpe de tesón, corazón y garra, la pasarela que conduce a la salvación.

Ayer tocaba de nuevo ganar, ganar y nada más que ganar. Tras el traspiés de Córdoba, el equipo volvía a casa con la perentoria premisa de la victoria. El rival, un Castellón de Pepe Murcia y Dani Pendín, que aún soñaba con engancharse a la pomada del ascenso.

El partido comenzó con un Castellón bien plantado sobre el terreno de juego. Los pupilos de Pepe Murcia lo tenían claro. No iban a dejar escapar una de las últimas oportunidades para poder pelear por objetivos mayores. El Xerez intentaba llevar la manija del encuentro, buscando a un Viqueira muy vigilado por el centro del campo castellonense, y un Pedro Ríos más voluntarioso que efectivo.

La presión del equipo de la Plana daba sus frutos. Sólo Viqueira, en un tiro desde dentro del área, pero muy escorado, y una falta botada por Samuel que tocó con certeza Perico Ríos para mandar la pelota a la madera, fueron los argumentos de un Xerez que no encontraba crear el verdadero peligro con el que amedrentar a los castellonenses.

En estas estábamos cuando, en una de las pocas salidas de los visitantes, que sólo buscaban arriba al argentino Tabares, el sevillano Víctor Salas le gana la espalda a Redondo, la única ocasión en que lo pudo hacer durante el partido, y puso un preciso centro a Arana quien, viniendo desde atrás, enganchó una gran volea batiendo a Porato. Sí, esas típicas voleas que las más de las veces acaban en las gradas de fondo de cualquier estadio, en esta ocasión, para más inri, acabó besando las mallas de la portería azulina.

Las cosas pintaban bastos. Esteban Vigo reaccionó en la segunda parte, introduciendo a Francis en lugar de un desesperado Marco Navas, cambiando de banda a Pedro Ríos. El Castellón se plantaba bien de medio campo hacia atrás, con una férrea sujección a un Yordi, ayer inexistente, y una presión en todas sus líneas que hacía que el Xerez apenas generara peligro, si no era a balón parado, como en un remate de Aythami en el primer córner de la segunda parte.

La situación requería un revulsivo. Esteban Vigo miró a los ojos de Antoñito, y el sevillano tenía el hambre del gol y de la gloria en las pupilas. Su salida contribuyó a que el Xerez intentara sacudirse la maraña del equipo castellonense. Un precioso recorte dentro del área del sevillano fue el primer aviso de la tarde. La grada tocaba a la puerta de la desesperación, con la Segunda B subiendo hasta las cejas. Un saque de esquina de Viqueira despejado por la defensa del Castellón, llega en la frontal a Mendoza que cede a Aythami para que éste la meta en el corazón del área pequeña y allí, tocando el balón en Yordi, llega a Antoñito que caza el empate a 10 minutos del final.

El empate no le servía a ninguno de los dos. El Castellón dio un susto casi en el descuento, con un contragolpe al larguero con Porato haciendo la estatua. Los cinco minutos de añadido se esfumaban y todos nos íbamos ya para casa, bajando con desolación las gradas del estadio. Un balón colgado al área, el pie derecho de Antoñito que hace un control orientado fabuloso para dejar atrás a sus marcadores y acomodarse la pelota en el área pequeña, y con un toque a la esquina del marco, puso a Chapín camino del cielo. Éxtasis sonoro en apenas unos segundos. De la nada al todo. Antoñito llevaba en las pupilas el gol y la gloria del Xerez a cuestas.

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